The Wall Performance

Hace dos días, el jueves 27, fui a ver "The Wall Performance", un espectáculo que lleva unos meses recorriendo diversas capitales españolas. En resumen, fue una decepción bastante grande. El resto de la entrada explica el porqué.

Para empezar, lo venden como «espectáculo audiovisual», «espectáculo difícil de etiquetar», «montaje en el que se combina la música en directo con la actuación de cantantes virtuales, la traducción simultánea al castellano de los textos a través de los subtítulos y las proyecciones de animaciones interactivas en 3D, imágenes fractales y diapositivas en aceite» (tres citas sacadas del artículo del C7). Es mentira: no es más que un concierto con una pantalla al fondo, con imágenes. Si uno lee lo que dice literalmente la última cita, es cierto (excepto lo de «animaciones interactivas», que no sé qué quiere decir), pero por el resto del artículo suena a otra cosa completamente diferente. A ver cómo lo explico: Macaco aprovecha mejor las pantallas de fondo con imágenes, y no se echan las flores de «espectáculo difícil de etiquetar»: es un concierto en el que se curran el aspecto visual y punto. Por eso, para "The Wall Performance" (tiene guasa también el título) me imaginaba una especie de versión teatral de la película (que, por cierto, aprovecho para recomendar), y por eso me decidí a pagar los 25 euros que costaba la entrada. En ese sentido, me sentí estafado. No entiendo como un grupo que no es famoso puede cobrar 25 euros por un concierto con una pantalla de fondo, cuando poco antes, en la misma sala, habíamos visto a Iván Ferreiro por sólo 15.

El resto del concierto, encima, estuvo lleno de fallos (o «pequeñas decepciones»): al principio, el escenario estaba cubierto con un muro, y, como estábamos en primera fila, nos avisaron de que al principio se tiraría, pero que no nos asustáramos porque eran cajas de cartón vacías. En parte por eso, y en parte por la música (la primera canción, que interpretaron tapados por el muro, era más bien tensa), estábamos nerviosos y muy expectantes por ver cómo se tiraría el muro. Pues bien, al final fue simplemente un técnico, con cara completamente indiferente, tirando los «bloques» uno a uno, sin ninguna gracia, en orden y de arriba a abajo (tiene más emoción verme a mí jugando al Tetris). Un chasco que sugería cómo iba a ser el resto.

A medida que avanzaba el concierto, todo en general seguía con la misma sensación demasiado amateur: ellos estaban muy fríos, les fallaron las imágenes de fondo varias veces, el cantante hacía señas a los encargados de las imágenes en medio de las canciones, no se sabía las letras (y su pronunciación de inglés digamos que era subóptima), la cantante le pasaba las páginas con la chuleta de las letras al cantante (desplazándose un metro o así cada vez, y todo en medio de la actuación mientras seguía sonando música, lo que te hacía imposible meterte de lleno en «la historia» que cuentan las canciones), el batería perdió el ritmo dos malditas veces (¡sí, en el mismo concierto!), continuamente aparecían ingenieros arreglando cosas o diciendo cosas a los músicos, las imágenes de fondo eran de un gusto bastante malo, y los tipos de letra usados eran horribles (parecía alguien usando por primera el Powerpoint)...

En resumen, parecían cinco colegas a los que les gusta Pink Floyd y tenían ganas de actuar en directo tocando las canciones que les gustan, para sacar unas perrillas. Casi lo único bueno de la noche fue el repertorio en sí, que, siendo lo que era, muy mal tenían que tocar para que no se pudiera disfrutar hasta cierto punto. Eso sí, para alguien a quien no le guste Pink Floyd, tiene que ser una tortura insufrible... También estuvo bien la idea de poner las letras de las canciones en la pantalla, que ayudaban a entender la historia, pero en absoluto salvó al «espectáculo» de ser un pequeño desastre.

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