03 enero, 2011

Viaje a la India V: cuarta visita a la ciudad y conclusión

Y por fin llegamos a la última entrega de la serie sobre el viaje a la India. En esta última entrada hablaré de la cuarta visita a la ciudad y escribiré algunas conclusiones.

El cuarto día no empezó bien del todo: salí más tarde que de costumbre, con lo que había mucho más tráfico de lo normal. Por ello tardamos una hora llegar al primer (y único realmente) lugar que visitaría ese día: el museo estatal de Andhra Pradesh. Al principio pensé que era bastante pequeño. Parecía que era simplemente una pequeña habitación (con una momia de 4.000 años de edad, que tenía incluso una uña y un trozo de piel al descubierto) más dos pasillos. El primer pasillo tenía estatuas de dioses, que me gustaron mucho, y el segundo tenía arte decorativo, que me pareció bastante aburrido.



Cuando estaba preparado para salir, me dijeron que había más que ver. El museo era bastante más grande de lo que parecía originalmente, sin llegar a ser tan grande que no lo pudieras ver en un par de horas. Sin duda, lo más destacable para mí fueron las pinturas de A.R. Chughtai, un pintor paquistaní que murió en 1975. Al ver ahora sus pinturas en internet no me gustan tanto, no sé por qué, pero me encantaron cuando las vi en personas en el museo.

En fin, que hasta ahí me dio el día, porque me tuve que volver al hotel antes de que se me acabara el tiempo. Y ya al día siguiente empezaba la Google Test Automation Conference, la razón por la que fui a Hyderabad. Afortunadamente, todo los vídeos y diapositivas de GTAC están disponible en la página de la conferencia.

En conclusión, fue un viaje muy interesante (tanto la parte turística como la conferencia en sí) y llegué con la sensación de haber visto un montón de cosas nuevas. Eso sí, se me quedó la espinita clavada de no haber tenido a ningún amigo allí que me pudiera enseñar la ciudad... pero no me quejo: incluso estar en aquel hotel pijo lleno de extranjeros ricos me enseñó algo, y me recordó a mi libro preferido, «El dios de las pequeñas cosas». Y es que no se puede pedir más.