22 noviembre, 2010

Viaje a la India II: hotel y primera visita a la ciudad

Al llegar al hotel, me di cuenta de que era tan pijo, o posiblemente incluso más, de lo que imaginaba. En el viaje desde el aeropuerto lo primero que me llamó la atención fueron las brutales diferencias sociales y económicas, y este hotel está en uno de los extremos. No es que no haya indios hospedados aquí, pero es evidente que la clientela típica de este hotel/sala de congresos son principalmente europeos, americanos y australianos ricos. Además, las distancias son relativamente grandes (al menos comparadas con Oslo) y el hotel da cualquier servicio que puedas necesitar, así que si no quieres salir de ahí, es un «gueto» para ricos que no se quieren mezclar con los locales. Todos estos lujos me hacen pensar de nuevo en las diferencias sociales del país, y me recuerdan a mi libro favorito, «El dios de las pequeñas cosas». Es una sensación muy extraña.

Los precios son una locura: hay cosas que son ridículamente baratas, otras cosas son bastante baratas, otras son no mucho más baratas que en Oslo (electrónica, por ejemplo, o cosas en general en las zonas turísticas) y el hotel tiene algunos precios comparables a Oslo o incluso mayores. Bien es verdad que un hotel de similares características tendría precios mucho más altos aquí, pero aún así es sorprendente. Me resultó muy difícil hacerme una idea de qué es barato y qué es caro.

El servicio aquí es excelente, o quizás debería decir «obsesivo». Con frecuencia me resultaba incómodo porque tienes a un montón de gente llamándote «sir», preocupándose por ti e intentando hacer cosas por ti, y se ve que hacen diferencias grandes entre el que paga y el que sirve. Para muestra, un botón: una de las noches estábamos juntando mesas y sillas para que un grupo de unas 20 personas pudiéramos comer juntos. En un momento concreto era más fácil que yo ayudara a mover una silla que esperar a que uno de los camareros diera toda la vuelta hasta llegar a su destino, pero cuando intenté coger la silla yo mismo, el camarero se asustó un poco (¿quizás se ofendió?) y no me dejó coger la silla, diciendo «I will do it, sir». Otro ejemplo: una de las mañanas, en el desayuno, me acababa de terminar mi zumo y en ese momento vino un camarero preguntando si quería que me trajera otro. Le dije que no importaba, que tenía que levantarme de todas maneras para servirme algo más de comida, y pude ver que la respuesta le sorprendió bastante.

La primera mañana que tuve libre para visitar la ciudad pregunté en recepción qué posibilidades de transporte había. Les dije que había leído en internet que Hyderabad tenía un sistema de transporte público decente, y quería saber dónde había paradas e información sobre las rutas. Creo que en aquel momento el de recepción pensó que me estaba intentando quedar con él :-) Lo que me recomendó en su lugar fue un «paquete» de cuatro horas en coche. Mi primera impresión fue que no me gustaría, pero al final no estuvo mal: se trata de alquilar un coche con conductor por 4 (u 8) horas, y tú eliges adónde quieres ir. Sin rutas predefinidas ni otros turistas, y bastante barato teniendo en cuenta el servicio. En cualquier caso, el primer conductor que me tocó fue bastante amable y me explicó algo de los sitios que visitamos. El primer día fuimos al Charminar, Mecca Masjid y a Chowmahalla Palace.

Charminar significa «cuatro alminares», y es el símbolo de la ciudad. Es, según Wikipedia, un monumento y mezquita (¿?), y es claramente lo más característico de Hyderabad. Tanto, que el propio logo de la conferencia tenía este año un dibujo del Charminar. No tengo fotos de Charminar en sí, pero aquí tienen una vista panorámica desde arriba:



Después de Charminar, fuimos a Mecca Masjid, probablemente la mezquita más famosa de la ciudad, que está justo al lado. Lo más curioso es que te tienes que quitar los zapatos en todos los lugares sagrados. Y el suelo de la mezquita (las zonas sin techo) no era precisamente pulcro, especialmente por la palomas, pero no estuvo mal como experiencia :-) Y lo último del día fue el palacio Chowmahalla (cuatro palacios, realmente), de lo que tampoco tengo fotos públicas, pero me gustó mucho.

Antes de volver, le pedí al conductor que me llevara a algún sitio de comida para llevar que le gustara a los locales (nada de sitios para turistas). Me llevó a un sitio genial donde pude comer un biryani vegetariano buenísimo, que de hecho me dio para comer dos veces... por aproximadamente un décimo del precio que costaría en Oslo :-) Lo de la comida fue genial allí: no sólo casi todo era buenísimo, sino que era facilísimo encontrar comida vegetariana. Y Hyderabad no es precisamente un lugar especialmente vegetariano, de hecho el biryani típico de la ciudad es de cabra. Dos notas sobre lo amigables que son a los vegetarianos: primero, es normal que te pregunten si quieres comida vegetariana o no, es completamente parte de pedir comida allí; lo segundo es que incluso tienen un sistema de etiquetado (un círculo verde en un cuadrado verde para lo vegetariano, lo mismo pero en rojo para no vegetariano) que siguen en muchos sitios. Y un último apunte sobre lo vegetariano: en la India los huevos se consideran no vegetarianos, y nadie parece conocer el término «vegano». Me pareció curioso :-)

Otro día, más.

2 comentarios:

erGuiri dijo...

Sobre la comida... siendo vegetariano te puedes arriesgar, pero comer carne o pescado tienes que estar loco.
Tengo entendido que en la India, para un no-indio, comer fuera del hotel equivale a limpieza intestinal immediata!

Esteban Manchado dijo...

En realidad depende del hotel, y de dónde comas fuera del hotel :-D Y sobre todo de lo que comas.

Una de las cosas más «peligrosas» es comer fruta o verdura fresca, que no está cocinada de ninguna manera. Así que en ese sentido es más seguro comer carne que comer una ensalada. O beber agua del grifo, eso es la hostia :-)